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Comprar una silla de oficina para teletrabajar: cinco claves para acertar siempre

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     Si bien el teletrabajo es una tendencia que viene ganando terreno desde hace varios años, la pandemia de coronavirus le ha dado un impulso inesperado: sin haberlo previsto, muchas personas han tenido que empezar a trabajar desde casa. En muchos casos, esta situación se mantendrá durante bastante tiempo e incluso habrá ciertos empleos en los que se torne permanente. Por eso, si cualquier silla del salón o del comedor pudo ser una buena solución provisoria para los primeros tiempos, tal vez sea momento de invertir en una buena silla de oficina en la cual sentarse correctamente.


¿Qué hace que una silla de oficina sea "buena"?

Son varios los factores que se deben tener en cuenta en el momento de realizar la elección. El mercado ofrece un muy variado rango de precios, desde modelos muy económicos hasta asientos de diseño y de alta gama, cuyos precios pueden superar largamente los 700 euros. Y si bien no hace falta dejarse un dineral en una tienda de muebles de oficina, tampoco conviene escatimar demasiado, ya que esta es una inversión en salud. Una silla que no cumpla con unos requisitos mínimos tendrá, a largo plazo, un costo mayor. A nivel económico y –sobre todo– en la salud. Más de un tercio de los trabajadores en España (el 37% del total) considera que su actividad laboral afecta de forma negativa a su salud, y el dolor de espalda (señalado por el 46% de los afectados) es el problema más común, seguido por el dolor muscular de hombros, cuello, brazos y manos (45%) y el cansancio general (45%). Estas cifras, tomadas de la última Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, incluyen todos los ámbitos laborales, no solo los que implican pasar varias horas al día frente al ordenador. Pero no tomar las medidas necesarias en relación con el asiento puede tener como resultado que esos números aumenten.


Claves para elegir la silla de oficina apropiada

Como no hay dos personas iguales, tampoco puede haber una silla de escritorio "ideal", cuyas formas y dimensiones sean las adecuadas para todo el mundo. Por eso, es clave que sus partes sean regulables, de forma tal que cada usuario pueda adaptarla a sus propias características. Esto facilita cumplir con las "disposiciones mínimas de seguridad y salud relativas al trabajo con equipos que incluyen pantallas de visualización", establecidas por el Real Decreto 488/1997, de 14 de abril. En el momento de elegir la silla más apropiada, conviene tener en cuenta los siguientes cinco elementos:


1. El asiento debe ser regulable para adaptarlo al largo de tus piernas

Es fundamental que el usuario pueda ajustar la altura del asiento para que sus pies toquen el suelo y sus piernas queden flexionadas formando ángulos rectos: la parte inferior de las piernas debe quedar vertical y los muslos, horizontales. También tiene que ser regulable la "profundidad" del asiento, es decir, la distancia entre el respaldo y el borde delantero (sobre el cual se flexionan las piernas). Este borde debe ser redondeado y estar inclinado hacia abajo, para que la parte posterior de las rodillas no quede oprimida ni se dificulte la circulación sanguínea. El asiento también debe ser lo suficientemente ancho (unos 40-50 centímetros) para que el espacio que quede a los costados dé al usuario libertad de movimientos.


2. Respaldo, con la inclinación justa y con apoyo a la zona lumbar

El respaldo del asiento tiene que ser regulable en varios sentidos. Lo más importante es el ángulo de inclinación, que debe ser el apropiado para que el torso quede en posición vertical. Se debe procurar que la altura del respaldo permita apoyar la nuca en él, y si es posible debe incluir un reposacabezas, es decir, un pequeño desnivel (que cumpla una función similar a la de una almohada cuando uno está acostado). También "debe tener una suave prominencia para dar apoyo a la zona lumbar", como apunta la 'Instrucción básica para el trabajador usuario de pantallas de visualización de datos', publicada por el Ministerio de Trabajo. Debe tener, por supuesto, el ancho del asiento, o como mínimo el necesario para que toda la espalda descanse sobre su superficie.


3. Descanzabrazos: no son indispensables, pero vienen muy bien

Los descansabrazos son opcionales, pero muy recomendables. Muchos modelos de sillas permiten regular tanto su altura como el ancho e incluso el ángulo al que se pueden colocar. Lo importante es que permitan que quien los usa se encuentre cómodo y que sus brazos formen –igual que sus piernas– ángulos rectos: que la parte superior de los brazos quede vertical y los antebrazos, horizontales. Además, tienen que ser resistentes, para soportar el peso de la persona que se apoye en ellos al levantarse, y en lo posible no impedir que la silla se pueda guardar bien cerca del escritorio.


4. La importancia de una base estable

La mejor estabilidad la proporcionan las sillas con cinco puntos de apoyo. También se sugieren las sillas con ruedas, que facilitan el desplazamiento, algo que resulta importante sobre todo si el espacio de trabajo es amplio. Por otra parte, para evitar desplazamientos involuntarios, el material del que estén hechas las ruedas tiene que adecuarse al de la superficie del suelo.


5. Mecanismos de ajuste sencillos y seguros

Es recomendable que los mecanismos de ajuste puedan controlarse de manera sencilla por el usuario desde su posición de sentado. Y también que el sistema cuente con seguros para evitar cambios no intencionados. Un cambio de postura repentino e inesperado puede provocar dolorosas lesiones.


Otros factores que se deben considerar

Aunque lo recomendable es acondicionar el mobiliario a las medidas de la propia persona, puede que en ocasiones haga falta un reposapiés: si la mesa es demasiado alta y no se puede cambiar por otra, personas de baja estatura, etc. En ese caso, se trata de un complemento necesario. Para evitar dolores y lesiones, también hay que tener muy presente que conviene no trabajar mucho tiempo solamente con un ordenador portátil.

La razón es muy simple: las posiciones correctas en que deben encontrarse la pantalla y los brazos del usuario son incompatibles. ¿Por qué? Pues porque la pantalla debe estar al menos a 40 centímetros de distancia del rostro del usuario, y su borde superior, a la altura de sus ojos (o unos centímetros por debajo). Si esto se respeta, es imposible que el teclado del portátil quede en la posición necesaria para utilizarlo con los brazos en ángulo recto.

Lo bueno es que ese problema tiene una solución sencilla y asequible: utilizar un teclado externo. De ese modo, se coloca por un lado el ordenador, de forma tal de situar la pantalla a la altura y distancia correspondientes, y por otro el teclado (y el ratón), que garantice la correcta posición de los brazos.




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